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El pasado domingo, nuevamente el “follonero”
Jordi Évole en el programa
Salvados,
vino a exponernos otra visión de la actual
crisis
financiera. Solo los ciudadanos de a pie
estamos pagando el pato ¿eso es justo?
Trataron de responder a algunas preguntas:
¿Se pueden hacer las cosas de otra manera?
¿Los partidos políticos y los bancos tienen intereses comunes? ¿Qué pasa si los ciudadanos no quieren
salvar a los bancos?
¿A quien beneficia más los rescates? ¿Porqué todavía
estamos en una situación financiera parecida a la de 2008? ¿Por qué solo se salva
a ciertos negocios privados?
¿Porqué ningún político o responsable financiero no
ha sido procesado o expulsado por sus terribles planteamientos financieros, por
hacer la vista gorda o por poner la mano? ¿Porqué los políticos se protegen
entre ellos? ¿Qué cualificación y experiencia real tienen para llevar a cabo
las responsabilidades que se les asigna? ¿Porqué cobran varios sueldos por distintos
cargos si no saben gestionar correctamente? ¿No existen incompatibilidades ni supervisiones reales?
Desde que empezó la crisis los bancos españoles han recibido ayudas
públicas que superan los 100.000 mil millones de euros. El objetivo,
dotar de liquidez a los bancos para que diesen créditos a las empresas y
a las familias y así reactivar la economía. Pero pasan los años y ni
familias ni empresas reciben crédito.
SALVADOS investiga qué ha
hecho la banca con esos millones ¿Es cierto que con ese dinero compran
deuda pública porque así ganan más dinero que dando créditos? ¿Al
comprar la deuda se han convertido en los temidos "mercados", los que
condicionan las actuaciones de gobiernos y Estados?
Y si en el
caso de España parece que la banca haya ganado, Jordi Évole se desplaza a
un lugar donde parece que no ha sido así: Islandia, un país que vivió
una situación similar a la española y que ha solucionado su crisis de
una manera radicalmente distinta. Tanto, que nacionalizó la banca y su
primer ministro se ha sentado recientemente en el banquillo de los
acusados por su mala gestión económica. ¿Puede que la banca en Islandia
no haya ganado?